El e s p a c i o es conciencia

Sobre la meditación

aqua 0Extraído de Ecología Mental (Jorge Lomar)

No solo hemos de enfocar nuestra atención en los pensamientos para ver el río que pasa. También interesa atender al foco de la experiencia, allí donde nace el río, mi experiencia de yo. Por supuesto, aquí no nos referimos a la personalidad, sino a la sensación Yo Soy básica, el sentir esencial, la verdadera certeza de existencia, el acceso a la auténtica autoconciencia.

 

El yo-sentido habita en el espacio entre las formas, en la silenciosa presencia que solo se encuentra entre los pensamientos, una experiencia sencilla y profunda que ha de ser reconocida. La meditación –palabra que básicamente significa entrenamiento mental- es el proceso por el cual aprendemos a sentir lo que somos.

Meditando aprendo a sentir lo que soy

En la meditación que yo recomiendo practicar comienzas aquietando el flujo de pensamiento a través de una respiración profunda y pausada que te ayuda a simplificar tu atención. Más tarde contempla serenamente las formas pensadas y sentidas. Finalmente puedes disfrutar de sentir lo que eres cuando tu atención descansa totalmente en el silencio y se expande a través de él.

En este, el segundo enfoque de Ecología Mental, vas a descubrir la experiencia del vacío, el espacio existente entre los pensamientos. Para empezar, hay que descartar el gran programa instalado culturalmente que te viene a decir que es imposible no pensar. Cuestiona este mito. Aunque la mayor parte de la gente crea que no es posible dejar de pensar, sin embargo, existe espacio entre tus pensamientos. Cada día hay multitud de instantes en los que tu mente no alberga pensamiento formal alguno. Sin embargo, puede que no te hayas dado cuenta nunca de ello precisamente porque, desde siempre, ha sido el pensamiento formal lo que ha controlado y atraído toda tu atención. A medida que alcanzas un mayor grado de relajamiento mental, es más fácil hacerte consciente del espacio existente entre los pensamientos.

La práctica te permitirá con el tiempo parar el río de pensamiento de un modo voluntario, al enfocar tu atención en la experiencia misma. No importa el tiempo que dure el silencio. Los espacios entre los pensamientos serán cortos, pero se irán haciendo más largos y profundos a medida que evolucione tu entrenamiento. El hecho de que se pare el pensamiento, como ya he dicho, no es nuevo. Pero lo que sí es nuevo es que te encuentres plenamente consciente y atento mientras esto ocurre, así como el sentimiento de presencia que surgirá de esta consciencia.

Entonces abres una puerta a una nueva conciencia que habita en el espacio, en el vacío, en el silencio interior. Cuando consientes en dejarte llevar por la conciencia que brota de la infinita fertilidad del silencio interior, descubres un universo sin formas mediante sensaciones antes desconocidas. Te das cuenta de tu existencia como pura comprensión.

Puede ser que las primeras veces que sientas el aparente vacío de pensamiento en tu mente, surja un miedo, una ansiedad o cierta resistencia. Es natural y sucede a menudo, se podría decir que es lo normal. El encuentro con la sensación de eternidad suele producir un miedo a la pérdida de identidad, una sensación de descontrol, una especie de vértigo existencial ante el abismo de lo infinito.

De algún modo, ante los primeros atisbos de la verdadera Identidad se resiente el yo pequeño, o falsa identidad, porque teme por su desaparición. El ego te hace creer que el vacío es el no ser, la muerte. De hecho, todo el sistema de pensamiento del ego consiste en la idea de la muerte planeando constantemente por encima de la existencia. Sin embargo, en ese aparente vacío habita el infinito.

Es como si una parte de ti estuviera claramente identificada con el ego y con la muerte, pero otra parte de ti, más profunda, extensa y esencial, te hiciera sentir atraído hacia la plenitud, la eternidad y la totalidad, tu verdadera identidad sin forma.

Tú, como conciencia, solo puedes temer si te identificas con el ego, que para los efectos es lo mismo que identificarte con tu personaje. Tu mundo y tu personaje funcionan gracias a que tú los dotas de ser, sentir e inteligencia. Pero cuando sientes, sin lugar a dudas, que tú no eres el personaje del que habla constantemente la voz de tu pensamiento, entonces comienzas a actualizar tu identidad.

aqua 1Surge el silencio en mi interior y yo estoy aquí, presente, más yo que nunca, más consciente que ante ningún pensamiento, más goce que en ninguna emoción. La atención desplegada sin límites ni distracciones. Aunque esta sensación pueda ser efímera, o sea suplantada inmediatamente por un río de pensamientos, solo tú elegirás el significado que tal experiencia tiene. Esta es la experiencia que buscas, y tú eres un buscador de experiencias. La experiencia puede llevarte a la certeza que necesitas para emprender cambios en la percepción de ti mismo y del mundo. Tú le darás importancia o se la restarás, según lo que estés preparado para aceptar.

¿Es posible que mi Ser sea infinito? ¿Puedo ser más allá de lo perceptible? ¿Puede residir mi existencia más auténtica en el silencio interior? De tu atención presente en ese espacio surge un aprendizaje que no está cifrado en formas ni en palabras, la auténtica conexión con lo abstracto.

Este entrenamiento no puede someterse a la mente pensante, operativa y productiva a la que tradicionalmente has dado el gobierno de tu vida. De ella es posible que al principio surja una voz que te diga “esto es muy difícil”. También te puede decir “esto no sirve para nada, deja de perder el tiempo”. Si esta voz sigue siendo atendida, pronto te sentirás incapaz como buscador de experiencias. Creerás que esto no tiene que ver contigo, sino con algunas personas especiales. No permitas que el sabotaje de la mente pensante tenga éxito. Es normal que la mente pequeña se resista y patalee. Quiere mantener el control. Quiere definir lo que sientes en base a sus propios límites. ¿Conoces algún rey que abandone su trono sin patalear? Este rey solo conoce una búsqueda de experiencia basada en los algoritmos habituales: riesgo, sexo, risa, llanto, enfado, dolor, novedad… Todo lo demás pertenece a un mundo ajeno a esta mente pensante y por tanto lo teme.

Al estar consciente y sentir la plenitud de ese silencio entre los pensamientos, te das cuenta sin lugar a dudas y de un modo totalmente experiencial de que tú eres algo distinto de tus pensamientos. Eres conciencia, sentir y ser. Una existencia mucho más profunda que la historia de tus pensamientos. Estás descubriendo un nuevo espacio en donde experimentar la paz.

¿Has visto los fotogramas de una película de cine? Entre cada uno de los fotogramas existe un espacio en negro. En ese espacio no hay imágenes, pero sin ese espacio no sería posible que ninguna imagen cambiase. Ese espacio negro entre los fotogramas está fuera del tiempo, no puedes darte cuenta de él por mucho que siempre esté presente junto a cada imagen, ya que tú vives en el tiempo, en los fotogramas cambiantes que se saltan ese espacio constante y fundamental.

En ese espacio puedes sentir lo que eres, al vaciarse la pantalla. Y descubrirás, entre muchas otras cosas, que pese a lo que decía Descartes, tú puedes existir perfectamente aunque no pienses. Mejor dicho, comienzas a realizar tu existencia –hacerla real- cuando descubres el silencio. Cuando tu mente se vacía de contenidos, aunque sea por un instante, sientes la inmensidad del silencio en tu interior y tienes una experiencia de eternidad.

La meditación se ha hecho presente en todas las prácticas espirituales, antiguas y modernas, orientales y occidentales, en sus distintas modalidades y entendimientos, pero con un sentido y objetivo similar: un entrenamiento mental para ir más allá de lo falso y aparente.

Por Jorge Lomar. Extraído de Ecología Mental (edición en revisión).