Ah.... deseo

Deseo, deseo, ahhh... el deseo.
El gran repudiado, siempre cuestionado,
una y otra vez reprimido y controvertido,
aparece como el culpable de tu dolor
y a la vez,
como el guía a tu felicidad.

 ad 1

 

Siempre confuso, siempre cambiante,
como si surgiera de tu esencia
y tu, dispuesto a olvidarla,
te distrajeras en la interpretación.

Ah, deseo...
Te deseo repudiar y...
te deseo.
Todo tu camino transcurre sobre el deseo
aunque te hayan hecho renegar de él.

Escúchame bien ahora:
No hay culpa.
No hay lucha en Quien tu eres.
No hay represión, no hay control en tu Ser.
Libérate ahora
y libera al deseo de toda condena y de toda cruz.

Deseo eres tu.
Eres la voluntad de Dios,
el Ser expresándose,
el deseo sin fin.

Deseo incondicional es la vida,
es el camino,
es la verdad siendo.
Eres voluntad.
Eres deseo puro,
Vida expandiéndose.
Luz brillando.

Recibe tu deseo con inocencia.
No podrías dejarlo a un lado,
pues tu eres el deseo.
Si lo intentaras, cortarías tus alas,
soñarías con la muerte una vez más,
y te sentirás dando lo que no quieres dar,
pues deseas.
Esto es el sacrificio de tu voluntad.

No tiene sentido que luches contra tu deseo,
ni que lo clasifiques,
ni que lo juzgues,
ni que lo encierres en una oscura celda,
en la cual te ves débil y limitado.

 

ad 2

 

Atrévete a mirarle cara a cara.
No luches contra él
ni te dejes llevar
por los conceptos que su vigor
parece despertar desde el pasado.
No lo interpretes,
no corras a unirlo a tu futuro.
Profundiza en él y sabrás tanto sobre tu camino...

Deshaz todo miedo y simplemente siéntelo.
Obsérvalo tal como es...
Conócelo, permítelo, libéralo, compréndelo,
perdónalo al fin.
Siente. Pues deseo es sentir.
No lo unas a un pasado,
a un personaje o a una moral
ni mucho menos a una acción predeterminada.
No lo programes. Siéntelo. Recíbelo.
Conoce tu momento.
Libérate de los programas que tu historia
ha forjado con deseos.

Siéntelo y libérate ahora.
Deja que se extienda tu sentir
Eres libre de los programas que alteran tu deseo.
Siente tu libertad.
Deseo no es carencia,
¡Tu eres un deseo incondicional!
Sin carencia ni fin...

Eres la voluntad, el deseo de Dios,
su niño jugando,
Dios siendo un niño.


Trasciende la culpa sobre todo deseo.
Pues si el deseo se casa con la libertad,
de tal unión nace la alegría.

Estás aquí para perdonar,
dejar libre y liberar
todo deseo de ser especial,
y de tal modo comprender
que todo deseo surge de la vida,
puro y fresco,
como el viento que empuja
tus alas a la experiencia.

Perdona el deseo vuelto contra si mismo,
perdona el deseo que lucha contra el deseo,
perdona el deseo que se distrae en temores
y búsquedas sin sentido.
Perdona el deseo y suelta toda lucha.
Y por fin, déjate en paz.

 

ad 3

 

Si luchas contra tu deseo
conviertes tu expresión en tu enemiga.
Haz de tu deseo un sentir primero,
no una carencia o un concepto
sino un llamado a la expresión.

Descubre en el sentir un camino
que incluye tu deseo profundo
no como una urgencia,
no como una carencia,
o como un defecto,
no como la fabricación de un personaje,
sino como la puerta al misterio,
el camino a tu expresión,
tu relación de este momento,
con la alegría de Ser
aún en tiempo y espacio,
aun en tu historia y tu cuerpo.

No estás aquí para negarte,
sino para expresarte hasta la totalidad.
Haz de tu deseo una meditación plena,
un sentimiento incondicional,
un tranquilo abrazo al ahora que vives,
y mas allá, casi como un susurro,
el llamado de tu camino al Amor.

Todo deseo es vida.

 

Jorge Lomar (nov 2015)