Tú eres mi subconsciente

[Publicado en Athanor]

El inmenso desconocimiento en el que vivimos, tal como un mar traicionero, nos la juega a menudo. El subconsciente es un concepto que actualmente reconoce todo el mundo como algo existente y comprensible. A menudo hacemos elucubraciones al más viejo estilo freudiano sobre la influencia del subconsciente en nuestras acciones y emociones. El subconsciente es todo aquello que no comprendes. Y lo sueles situar en algún oscuro rincón de tu interior. ¿Del interior de qué?

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Cuando Freud estaba aventurándose a poner palabras a lo inexplicable y solía comparar la mente humana con un iceberg en el que el consciente es menor de una décima parte del inconsciente, uno de sus más avanzados alumnos, Jung, replicó “Y si el inconsciente es lo que no conocemos ¿Cómo podemos saber qué tamaño tiene en relación al consciente?”. No solo comenzó a cuestionarse el tamaño, también la suposición de que ese gran inconsciente era algo personal. ¿Cómo saber de quién es aquello que desconocemos? Ni siquiera sabemos a quién pertenecen mis pensamientos “conocidos”.

 

El autor David R. Hawkins calculó que el ego tardaba una décima de segundo en atribuirse la propiedad de un pensamiento desde que éste asomaba a la mente. El pensamiento, que es la base de lo que se llama consciente en oposición a inconsciente, según la psicología, es bien conocido por todos nosotros: esa voz que rara vez calla y que sigue ahí dentro proporcionándonos recuerdos, objetivos,  identidades, deseos, temores y todo un torrente de experiencia vigílica y onírica, tanto que a veces no se pueden distinguir. Esa compañera a veces amiga y más veces enemiga de la paz, es nuestro bastón habitual en lo consciente. A poco que profundicemos con cierta humildad, nos damos cuenta de que no tenemos ninguna constancia de que esos pensamientos se hayan creado dentro de “mi”. Esa voz siempre habla de conceptos comunes en una realidad compartida, nunca dice nada nuevo, siempre maneja información conocida, pensada, acabada y compartida, recibida de la cultura, la educación, la comunicación y la interrelación entre las formas mentales previas existentes. El pensador –esa voz- cree que lo puede solucionar todo pero solo cambia las formas de lugar.

Si los inocentes nativos de una tribu amazónica se encontraran con un transistor de radio funcionando estarían asombrados al escuchar la música surgir de una cajita tan pequeña. Le darían vueltas y más vueltas y finalmente algún valiente querría abrirla para descubrir a los maravillosos músicos pequeñitos que se esfuerzan en interpretar bellas melodías dentro de la cajita… pero al hacerlo ¡sorpresa! No hay músicos dentro de la cajita. Y sin querer, han matado a la música. Ellos creen que la radio estaba viva y al dejar de cantar ha muerto. Pero sin embargo, la música que sonaba a través del transistor no dejó de sonar nunca, nunca murió, ni era propia del aparato que la emitía, ni siquiera estaba allí. Esta metáfora nos ayuda a comprender a nuestra consciencia.

Creemos que nuestros pensamientos son nuestros. Creemos que los creamos sin saber cómo. Pero el pensamiento fluye en el mundo de las formas, entre “unos y otros”, como un viento en busca de las velas de tu destino, ya que en la base de lo Real, no existe un “yo” o un “tu” que sea dueño del pensar, sino una sola mente intentando relacionarse consigo misma.

Sintonizamos con esas formas mentales, emocionales o físicas, del mismo modo que una vibración sintoniza con cualquier otra, por resonancia [o si lo prefieres “ley de atracción”]. Es nuestro sistema de creencias, nuestro paradigma, nuestra estructura mental lo que es capaz de sintonizar un pensamiento u otro de la mente global, donde reside el verdadero origen de las formas mentales. Por tanto, la música subyacente e inaudible que somos capaces de sintonizar desde nuestra pequeña mente se convierte en pensamiento dependiendo de las elecciones profundas que hemos realizado en cada momento de nuestra vida, aquello que hemos decidido darle la calidad de verdad. Para eso existe la mente: para elegir… y más allá, para compartirse.

La música del espíritu jamás ha dejado de sonar en nuestra alma. Más profunda aún que la del pensamiento, ella nos susurra que lo aparente es producto de una percepción distorsionada. Que tú y yo somos lo mismo. Que todos somos de una misma mente y aún más profundamente, de un mismo Ser. Este saber milenario se ha transmitido de padres a hijos, de abuelos a nietos, de chamanes a iniciados, de maestros a adeptos, de gurús a discípulos, de físicos cuánticos a periodistas, de filósofos a escuchadores de la Verdad. De modo que ese conocimiento permanece dentro de nosotros como una guía irrenunciable. Puede que hoy no quieras escucharlo, en ello consiste la libertad, pero mañana o pasado tendrás que reconocer lo que eres. La verdad nunca se impone, sino que se comprende o integra en uno mismo por propia voluntad.

Cuando Hew Len, el representante del moderno Ho’oponopono, explica que no hay diferencia entre “allá fuera” y “aquí dentro” está hablando con la misma voz profunda con la que hablan los chamanes de todo el mundo, aquellos maestros que han renunciado a creer lo aparente y se han lanzado al misterio de la vivencia en el mundo simbólico subconsciente. Aquello que ves ahí fuera no es algo distinto de tu subconsciente.

Nos experimentamos como mentes separadas, creemos que la persona que tenemos enfrente es algo distinto que yo. Su historia es distinta, su cuerpo es distinto, su pensamiento es distinto, parece que no es tu historia, ni tu materia, ni tu pensar. Sin embargo lo distinto no es esencial, no es característico del Ser, sino de la forma. Llamo consciente a lo que llamo “yo”, a lo que llamo “mi pensamiento”, a lo que comprendo.  Llamo consciente al camino que a través de “mi” ha tomado la conciencia. Y desde este punto de vista, el subconsciente es esa mente separada que veo delante de mí, ese otro camino de la conciencia que yo desconozco, que no alcanzo a comprender plenamente, que observo y que, demasiado a menudo, juzgo, ataco y excluyo.

El resto de las personas son mi subconsciente. Y digo subconsciente en lugar de inconsciente, porque existen caminos para cambiar la percepción y trazar puentes hacia lo desconocido, hacia el “otro”. Un entrenamiento mental que nos lleva a sentirnos unido en lo esencial con el aparente “otro”.

No hay distinción entre subconsciente personal y colectivo nada más que relativamente a lo que eres capaz de percibir en tu actual estado de conciencia, o siguiendo nuestra alegoría, lo que tu radio es capaz de sintonizar. Tus pensamientos surgen en ti consecuencia de las elecciones esenciales que has realizado: aquello que has decidido creer, aquello que has decidido hacer real en tu percepción, aquello que has decidido ser. Esas elecciones te abren a nuevos canales de pensamiento, nuevas vías de experiencia, nuevos caminos de vida... nuevos encuentros con un subconsciente que se hace consciente a cada paso. Es en las raíces de tu libertad profunda de elegir lo que crees donde radica tu destino.

Mi pasado quedó cristalizado en forma de recuerdos interpretados, ideas o pensamientos solo gestionados por mi particular punto de vista. El resto de los matices de lo vivido quedó enterrado en el gran océano subconsciente y dejó de pertenecer a mi “yo”, tan solo porque no lo elegí. El pasado, el futuro, las mentes de todos los seres que me parecen “otros”, todo ello junto con los universos insondables de la mente única, configuran mi grandísimo subconsciente.

Hay quien dice que el miedo primigenio es el miedo a lo desconocido. No nos engañemos. El miedo es lo desconocido, el miedo surge de la inconsciencia, del desconocimiento. Surge del dolor primordial de percibirnos separados. Separados de la Verdad, buceando en ese vasto desconocimiento. Separados de otras mentes, otros seres aparentemente incompletos. Separados en un ahora insatisfecho, un instante aparentemente incompleto ante el olvido y la incertidumbre inmensos. Conscientes de tan poco que confundimos lo esencial, que separamos entre dentro y fuera, entre tú y yo. Entre ser y no ser.

Cuando soy capaz de entrenar mi mente en la nueva percepción de que “tú eres mi subconsciente”, desaparecen las víctimas y los verdugos, me reconcilio con un universo mental y unido. No es el final de un camino, sino el principio de una nueva percepción. Soy capaz por primera vez de ver auténticamente que tú y yo somos uno.

Jorge Lomar
Escritor, facilitador, ponente. Presidente de la Asociación Conciencia.
www.jorgelomar.com

  • Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte...
    Facundo Cabral
  • Todo depende de usted. Es por su consentimiento como el mundo existe. Retírele su creencia en su realidad y se disolverá como un sueño. El tiempo puede abatir montañas; mucho más usted, que es la fuente atemporal del tiempo. Pues, sin memoria y expectación, no puede haber ningún tiempo.
    Nisargadatta Maharaj
  • Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él.
    Mahatma Gandhi
  • En lugar de preocuparse porque no hay paz en el mundo, es mejor indagar y encontrar cómo obtendrá usted paz en este mundo. Si abandona ese objetivo, ¿cuál es la utilidad de preocuparse por la falta de paz en el mundo? Si la mente de uno tiene paz, el mundo entero parecerá apacible. Dígame, ¿tiene usted paz?
    Ramana Maharsi
  • Amor y verdad son las dos cosas de Dios. 
    La verdad es el fin y el amor es el camino.
    Gandhi
  • Tú, que fuiste creado por el Amor a semejanza de Sí Mismo, no puedes abrigar resentimientos y conocer tu Ser. Abrigar resentimientos es olvidarte de quien eres. Abrigar resentimientos es verte a ti mismo como un cuerpo. Abrigar resentimientos es permitir que el ego gobierne tu mente y condenar el cuerpo a morir.
    Un Curso de Milagros
  • No importa que ideología o posición política tengas
    ...todos coincidimos en algo
    Queremos Paz...
    Mahatma Gandhi
  • Ojo por ojo,
    y el mundo acabará ciego.
    Gandhi
  • Dijo Jesús: «Haceos pasajeros».
    Evangelios de Tomás - Copto de Nag Hammadi.
  • Si uno carece de amor; cualquier cosa que haga, aunque siga a todos los dioses de la Tierra, realice todas las actividades sociales, trate de reformar las condiciones en que viven los pobres, ingrese en la política, escriba libros, poemas, etc., es un ser humano muerto. Sin amor, sus problemas se incrementarán y multiplicarán interminablemente. Y con amor, haga uno lo que hiciere, no hay riesgo alguno, no hay conflicto. El amor es la esencia de la virtud.
    Jiddu Krishnamurti
  • Vaya más allá, retorne a la fuente, vaya al sí mismo que es el mismo acontezca lo que acontezca. Su debilidad se debe a su convicción de que usted ha nacido en el mundo. En realidad el mundo es siempre recreado en usted y por usted. Vea todo como emanando de la luz que es la fuente de su propio ser. Usted encontrará que en esa luz hay amor e infinita energía.
    Nisargadatta Maharaj
  • Condena y te vuelves un prisionero.
    Perdona y te liberas.
    Ésta es la ley que rige a la percepción.
    Un Curso de Milagros
  • Tú, que fuiste creado por el Amor a semejanza de Sí Mismo, no puedes abrigar resentimientos y conocer tu Ser. Abrigar resentimientos es olvidarte de quien eres. Abrigar resentimientos es verte a ti mismo como un cuerpo. Abrigar resentimientos es permitir que el ego gobierne tu mente y condenar el cuerpo a morir.
    Un Curso de Milagros
  • De todos los pensamientos que aparecen en nuestra mente, solo el pensamiento «yo» es el primer pensamiento. Solo después de que éste surge, otros pensamientos surgen. Solo después de que la primera persona aparece, la segunda y la tercera personas aparecen; sin la primera persona, la segunda y la tercera personas no existen.
    Ramana Maharsi
  • Crees que lo que te sustenta en este mundo es todo menos Dios. Has depositado tu fe en los símbolos más triviales y absurdos: en píldoras, dinero, ropa "protectora", influencia, prestigio, caer bien, estar "bien" relacionado y en una lista interminable de cosas huecas y sin fundamento a las que dotas de poderes mágicos. Todas esas cosas son tus sustitutos del Amor de Dios. Todas esas cosas se atesoran para asegurar la identificación con el cuerpo. Son himnos de alabanza al ego. No deposites tu fe en lo que no tiene valor. No te sustentará.
    Un Curso de Milagros
  • No enseñes que morí en vano.
    Enseña más bien que no morí, demostrando que vivo en ti.
    Un Curso de Milagros

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